miércoles 1 de febrero de 2012

En el andén del tren, viendo partir a un amigo




Efímeros somos…

Solo circulamos, pasando rasantes sobre esta superficie. A ciegas, sin saber qué vendrá después. Muchos viven ese paso de tiempo incierto con intensidad, dejando profundas huellas en quienes tenemos la dicha de conocerlos…

Hoy se fue alguien así. De paso aún más efímero, dada su naturaleza, pero de importancia suprema. Una luz cegadora, potente, que se diluyó antes de su tiempo natural.

A él, el abrazo que siempre le di. Que lo acompañe en esa desconocida nueva etapa. Que le reconforten, si hay temor, las palabras que le di a cambio de su invaluable compañía. Amigo, si ves a mi dama querida en esos nuevos parajes, que tus ojos le den una foto de lo que soy . Dale mis recuerdos, y mis afectos.

Efímeros somos, si. Pero cuánto duele a veces la partida…

domingo 29 de enero de 2012

Remembranza




Te toqué.

Cuerdas finas de piel marcada por la vida.

Te descubrí.

Volcán poderoso latiendo bajo una montaña de convencionalismos asfixiantes.

Te viví.

Como huracán indomable, imponente, revolucionando un desierto jardín a oscuras, monótono…

Me perdí.

En tus caminos, tortuosos, de montaña inconquistable, de mirada silenciosa.

Morí.

Sepultado entre las nieves de la soledad, bajo el funesto viento triste de tu partida.

Tras la tormenta




No me volverá a ocurrir

Tensó sus manos, ebrio por la ira. Golpeaba una y otra vez aquellas viejas pertenencias, fruto de una vida en común. Desencajaba puertas, furioso. Enceguecido por el resentimiento, vociferando, destruyó uno a uno los pilares de la casa…

Sólo al terminar, escupiendo sobre restos humeantes, pareció darse cuenta de que ahora no le quedaba nada.

Que se había destruido a sí mismo.

Silencioso, volvió a ser un niño.

Sintió el terror a la soledad total.

Mirando a los rincones, ennegrecidos y oscuros, se puso el cañón en la boca y haló el gatillo.

Nadie lo escuchó caer...

domingo 18 de diciembre de 2011

Una cita



La conocí superficialmente en la típica noche de copas de aquella cosmopolita ciudad.

Tenía una sonrisa magnética, realmente cautivadora.

Pareció venir directo a mí, con paso seductor.

Vivimos la clásica conversación banal que precede a las citas que terminan en sexo casual. Pero en ella había algo más. Algo envolvente, denso, familiar.

¿Sería acaso el cliché de que “sentía haberte conocido antes”?

Lo cierto es que nos fuimos del bar, a un pequeño hotel. Seguro de saber lo que en realidad queríamos, no anduve con medias tintas: la desnudé de forma salvaje, quitándome también la ropa, acariciando su entrepierna y rozando sus senos con mis labios…

Solo allí sentí un leve mareo.

Un cosquilleo en el cuello que fue avanzando hasta dejarme inmovilizado, pero consciente.

Llama a una ambulancia, rogué.

¿No me recuerdas?, replicó.

Su rostro cambió.

Sombras.

Cientos de ellas, la rodean, la amenazan, trepan por las piernas, la convierten en oscuridad.

Se acercó, y acariciándome el rostro delicadamente, se acercó hasta mirar directamente a mis ojos, susurrando

Te dije que nos volveríamos a encontrar.

Sentí como una corriente eléctrica que me atravesaba. Los recuerdos, mis pecados, su cuchillo…

Me desangré lentamente.

Agonicé sin arrepentirme de lo que había hecho. ¿Para qué, si ya lo estaba pagando?, murmuré con una sonrisa que se apagó junto a mi vida.

Ella lanzó un beso con su mano. Tachó mi nombre de una pequeña lista, y cerró la puerta suavemente…

domingo 27 de noviembre de 2011

La escultora


Orgullosa, altiva, observaba el serpentear de la gente entre sus creaciones…

Esculturas, surreales, reales.

Prefería éstas últimas.

Se detuvo al ver una pareja detenerse sobre El amante abandonado.

Le gustaba esa obra. Mucho.

Su amiga, siguiendo la dirección de su mirada, tomó su mano y susurró.

El habría querido estar aquí.

Ella bajó la mirada ocultando una sonrisa.

El está aquí.

Tocó el rostro de su trabajo con la reverencia de una admiradora.

Aún podía sentir su cuerpo bajo la capa de yeso y cera.

Su exposición, sencilla, económica y sin muchas pretensiones, fue un éxito. Vendió casi todas sus piezas.

Los entusiasmados compradores salieron ese día con las esculturas modeladas sobre cuerpos de 11 amantes de Andrea…


jueves 27 de octubre de 2011

Final de la lectura



Paseó su mirada entre los libros…

Con una pesada nostalgia sobre los párpados, revivió en sus recuerdos la historia de cada tomo. Sonrió, enternecido, tomando uno entre sus manos.

Tomó una la pluma, una hoja y garabateó una pregunta sencilla.

-¿Por qué?

Dejó la nota sobre la mesa, pensando en quién respondería a esa interrogante.

Leyó sin orden algunas de las páginas del libro que tomó. Podía recordar cada línea siguiente sin tener que verla, pero disfrutó hacerlo como el primer día que sus ojos se posaron sobre esas letras plasmadas.

Encendió la música, dejándose llevar por los efluvios suplicantes de cada nota, transportado, hasta que se hizo el silencio.

Silencio donde seguía moviendo la cabeza a un ritmo que ya no sonaba.

Adiós a las armas cayó de una de sus manos, mientras el eco del disparo se difuminaba en el bosque…

martes 13 de septiembre de 2011

Retirada



Y aquel ejército decidió

Rendir sus armas en aquella fría noche

No hubo desfiles, ni discursos

Sino la ignominiosa caída en desgracia de un ya derrotado sueño

Sin excusas, sin paliativos

Sobrecogidos de estupor levantaron sus campamentos

Dejando sobre el terreno sus caídos

La tierra regada con su sangre

Sus lanzas rotas, ya inservibles

Y se marcharon de aquel, tu cuerpo

Que ya jamás volverían a poseer…

domingo 11 de septiembre de 2011

Un final en la arena



Y el desierto obró en mi cuerpo

Resecó mi piel hasta desaparecerla

Lentamente, consumida

Y te vi buscarme, en la arena

Te vi regar con lágrimas, esa, mi enorme tumba

Vanamente

No pudiste conseguir mis restos

Pero estaba allí! En cada grano de arena que pasaba por tus manos

En el viento que cruzaba tu cabello

En el sol que besaba tu piel

Pero no viste que en el brillo de tus lágrimas se reflejaban otras lágrimas

Y diste media vuelta sin percatarte que me llevaste contigo

En un abrazo susurrante de muerte y tristeza